En el año 2022, tuvimos el honor de contactarnos con la Dra. Irene Rodríguez, presidenta de la FAM durante el período 1988/1990. Su elección marcó un hito histórico al convertirse en la primera mujer en liderar la Federación. En aquel encuentro, nos dejó una profunda reflexión que mantiene plena vigencia: “Siempre defendí la igualdad del hombre y la mujer en la función pública. Celebro que hoy presida la FAM una mujer para así poder continuar el camino”.
Su gestión en 1988 se insertó en pleno proceso de reconstrucción institucional y democrática de la Argentina, bajo la presidencia de Raúl Alfonsín. En esa época crucial, la FAM desempeñó un rol clave para afianzar el federalismo judicial y defender la independencia de los jueces provinciales, quienes intentaban consolidar sus estructuras tras los años de la dictadura.
El mayor legado de Irene fue romper el «techo de cristal» en las cúpulas del asociacionismo judicial de los años 80. Al convertirse en la primera presidenta de la institución, abrió el camino para la representación femenina en la toma de decisiones. Su impronta fue de tal magnitud que debieron pasar 33 años para que otra mujer volviera a liderar la entidad: la Dra. Marcela Ruiz, en diciembre de 2021.Quienes la conocieron recuerdan su profundo amor por el derecho, su trabajo incansable por una mejor Justicia y su tenacidad para defender, en pie de igualdad, los derechos de mujeres y hombres. Es que Irene Rodríguez fue una constructora de la institucionalidad judicial: se desempeñó como jueza del Tribunal del Trabajo N° 1 de San Isidro, profesora de Obligaciones Civiles y Comerciales en la Facultad de Derecho de la UBA, presidenta del Colegio de Magistrados de la Provincia de Buenos Aires y, finalmente, presidenta de la FAM.

En el ejercicio de sus funciones, debió librar duras batallas ante una sociedad que reclamaba celeridad en medio de una profunda crisis político-económica, marcada por la escasez de recursos, el exceso de expedientes y la falta de magistrados. “Queremos que el ciudadano medio de la provincia de Buenos Aires sepa que su juez está en peligro; que su derecho, cualquiera que este fuese, no podrá ejercerse con rapidez y seguridad porque toda la justicia está en una práctica cesación”, advertía con firmeza en declaraciones al diario La Nación el 12 de mayo de 1990.Asimismo, con una profunda vocación docente y en una defensa irrestricta de la independencia judicial, explicaba en marzo de 1989: “Los jueces queremos que se nos juzgue por nuestra conducta. No estamos acá para tratar de eludir un resorte propio del sistema republicano democrático. Nosotros apoyamos que se enjuicie a magistrados y funcionarios, pero advertimos que no puede, de ninguna manera, ser utilizado el tribunal de enjuiciamiento como un recurso para rever las decisiones judiciales”.

Hoy, en el marco de los 60 años de la FAM, la voz, la templanza y el legado de Irene Rodríguez dicen más presente que nunca.







