Por Marcela Ruiz, Presidenta de la FAM 2022/actualidad. Al cumplirse seis décadas de su fundación, la FAM se consolida como un pilar fundamental en la defensa de la independencia judicial en el país. En este artículo, su actual presidenta reflexiona sobre el valor de la continuidad institucional y el principio del federalismo como motores de fortaleza colectiva. Lejos de ser un balance estático, la máxima autoridad de la entidad propone una mirada hacia el futuro, donde la modernización tecnológica y las nuevas demandas sociales desafían a la Justicia a transformarse sin perder su esencia.
Marcela “Machi” Ruiz asumió su primera presidencia en la Federación Argentina de la Magistratura y la Función Judicial (FAM) en enero de 2022, tras ser electa a fines de diciembre de 2021. Fue reelecta posteriormente para períodos sucesivos, consolidando su liderazgo federal. Es Profesora de Derecho Civil III (Contratos) - Universidad Nacional de Tucumán, vocal y presidenta de la Cámara Civil y Comercial Común de Tucumán, y titular de la Asociación de la Magistratura y la Función Judicial de Tucumán (AMT).
Bajo la conducción de Marcela "Machi" Ruiz, la FAM experimentó un fuerte proceso de modernización y apertura. Las principales transformaciones y aportes de su gestión incluyen:
Perspectiva de Género y Paridad: Su llegada a la presidencia abrió una agenda con un fuerte enfoque de género. Lideró una mesa ejecutiva compuesta con paridad (50% mujeres y 50% varones) y proyectó su liderazgo a nivel regional al ser elegida Coordinadora de la Comisión de Género de la Federación Latinoamericana de Magistrados (FLAM).
Nuevas Estructuras Institucionales: Durante su gestión se rediseñó el organigrama de la federación mediante la creación de nuevos Institutos, Direcciones y Comisiones específicas para abordar las problemáticas actuales del servicio de justicia.
Justicia más Humana y Cercana: Orientó la agenda pública hacia lo que define como una "justicia al verdadero servicio de las personas", promoviendo la transparencia, la accesibilidad ciudadana y una comunicación judicial más clara.
Federalismo de Presencia Activa: Logró profundizar la integración de las 24 jurisdicciones del país, combinando su labor como camarista en Tucumán con un constante acompañamiento institucional en territorio ante conflictos provinciales, reforzando la solidaridad judicial frente a los ataques a la independencia de los magistrados.
Innovación Tecnológica y el FAM Lab: Creó capacitaciones específicas sobre Inteligencia Artificial y organizó congresos nacionales e internacionales para abordarla. Impulsó la creación del FAM Lab, un laboratorio específicamente orientado al desarrollo de proyectos de innovación tecnológica, digitalización y la introducción de la inteligencia artificial aplicados a la administración judicial.

Esta es, posiblemente, la primera gran lección que nos obsequia este aniversario: ninguna gestión puede adueñarse de una historia que empezó mucho antes de su llegada y que continuará tras su partida. La Federación actual es el resultado de generaciones de magistrados/as y funcionarios/as que supieron aportar su trabajo y su visión a una causa común.
Ese camino institucional lo inició Jorge Castelli (Buenos Aires), primer presidente de la Federación entre 1966 y 1968. Su legado fue continuado por José Munece y Víctor D’Andrea (Santa Fe); Carlos J. Espejo (San Luis); Marcelo Pioli Bovier (Jujuy); Esteban Valdez (Tucumán); Raúl Recagno (Santa Fe); Luis César Salassa (Mendoza); Conrado Pablo Spertino (Córdoba); Waldino Varela (Corrientes); Eduardo Podestá de Oro (San Juan); Irene Rodríguez (Buenos Aires); José Luis Cano (Mendoza); Rafael Gutiérrez (Santa Fe); Carlos Huespe (Córdoba); Edgardo Albrieu (Río Negro); Abel Fleming (Salta); Víctor María Vélez (Córdoba); y Ariel Ariza (Santa Fe).
Distintas provincias. Distintos contextos históricos. Diferentes estilos de conducción y de desafíos. Pero una misma e inquebrantable Federación.
Hoy tengo el honor de continuar esta historia desde Tucumán. Al mirar esos nombres y las provincias que representan, dimensiono con mayor claridad el legado recibido. La FAM nunca perteneció a una persona, a una gestión o a una provincia. Su identidad radica en su continuidad. Cada conducción recibe una institución consolidada por otros, asume los problemas de su presente, suma nuevas perspectivas y la entrega a quienes vendrán. No empezamos de cero cada dos años: construimos sobre lo construido.
Esa continuidad es la base de nuestra fortaleza, pero hay otro pilar fundamental: la solidaridad.
Quienes vivimos el asociacionismo judicial sabemos que hay momentos donde un colega, un Colegio o un Poder Judicial entero necesitan saber que no están solos. Ante un ataque a la independencia judicial o una amenaza a quien ejerce la función, la distancia geográfica desaparece. Lo que ocurre en una provincia se convierte en una preocupación colectiva. Es ahí donde la palabra Federación adquiere su verdadero sentido.
Federalismo no es sentar representantes de distintas provincias alrededor de una mesa. Es entender que las diferencias nos enriquecen, pero no nos aíslan; que la autonomía de cada provincia convive con la solidaridad mutua; y que la fortaleza de cada Poder Judicial local robustece a la República entera.
La historia de la FAM está repleta de estas posturas. Algunas constan en grandes documentos y declaraciones públicas. Otras ocurrieron en un plano silencioso pero vital: una llamada a tiempo, una visita, un respaldo público o una presencia institucional en el momento exacto para que nadie quede a la intemperie. Eso también construye instituciones.
Por este motivo, el asociacionismo judicial mantiene su vigencia intacta. Asociarse implica reconocer que los objetivos estratégicos trascienden el esfuerzo individual. La independencia judicial no se defiende en soledad, la formación continua exige redes compartidas y las transformaciones judiciales requieren cooperación. Las soluciones exitosas de una provincia pueden iluminar a otra en dificultades. La FAM transforma las preocupaciones individuales en una agenda común, logrando que los debates provinciales confluyan en una fuerte voz nacional.
Así es como la FAM pudo evolucionar sin perder su esencia. Los desafíos cambiaron y la Federación amplió su mirada. Hoy, nuestras Direcciones, Institutos y Comisiones gestionan problemáticas que los fundadores de 1966 jamás hubieran anticipado. Lejos de haber una contradicción, hay una línea histórica perfecta: cambian los problemas, pero permanece la misión.
La misma vocación que unió a los pioneros para defender las instituciones nos exige hoy debatir sobre igualdad, perspectiva de género, acceso a la justicia, ambiente, innovación e inteligencia artificial.
Cumplimos sesenta años en una época de cambios vertiginosos. La sociedad se transforma a una velocidad que nos obliga a revisar procesos, organizaciones y nuestra forma de vincularnos con la ciudadanía. La tecnología modificará profundamente el trabajo de los tribunales y la inteligencia artificial planteará desafíos éticos y jurídicos insoslayables. En paralelo, la ciudadanía exigirá —con razón— una Justicia más accesible, transparente, comprensible y eficiente, sin resignar jamás la independencia ni las garantías.
La FAM debe estar ahí. No mirando la transformación desde afuera, sino protagonizándola. No reaccionando tarde ante los problemas, sino anticipándolos. No limitándose a proteger las conquistas del pasado, sino diseñando activamente la Justicia del futuro.
Para esto, nuestra estructura federal es una gran ventaja. Nos permite conocer realidades diversas, replicar buenas prácticas y poner el conocimiento acumulado al servicio de todos los Poderes Judiciales. Sin embargo, la modernización no reemplaza lo esencial: siempre necesitaremos magistrados/as independientes, formación permanente, escucha atenta a la comunidad e instituciones con la capacidad de respaldar a quienes administran justicia.
Ese es nuestro legado y nuestra gran responsabilidad. Quienes nos precedieron nos entregaron una institución viva que debe seguir transformándose. Nuestra misión es entregarla aún mejor: más federal, plural, abierta y cercana a sus bases. Con la firmeza para resguardar los principios innegociables y la valentía para cambiar lo que ya no responde a las demandas actuales.
Algún día, otra generación celebrará un nuevo aniversario y mirará nuestra época del mismo modo en que hoy miramos a 1966. Es un pensamiento que invita a la humildad: somos apenas un fragmento de una historia mucho más grande.
Por eso, estos sesenta años son, ante todo, una ocasión para agradecer. A quienes integran actualmente la Mesa Ejecutiva y comparten cotidianamente conmigo la responsabilidad de conducir, como así también a cada una de las asociaciones y colegios provinciales que sostienen este proyecto. Sigamos caminando con la misma convicción de los pioneros, sabiendo que el futuro de la Justicia se construye en unidad y con un profundo sentido federal.







