Hay momentos en la historia donde el silencio no es prudencia, sino complicidad. En el invierno de 1966, una densa penumbra cayó sobre la República Argentina. Los tanques de la dictadura destituyeron la democracia y, con un golpe de pluma militar, decapitaron a la Corte Suprema de Justicia, despojaron a los jueces de su inamovilidad y encadenaron la Constitución Nacional a un estatuto de facto.
Los palacios de justicia, antes santuarios de la ley, se convirtieron en fríos pasillos de obediencia forzada. Se pretendía que el juez habitara una soledad de mármol, aislado, mudo y dócil.
Pero en el corazón de las provincias latía una rebeldía silenciosa.
El eco de las piedras y el viento del norte
Desafiando las distancias de una geografía inmensa y los ojos vigilantes de un régimen absoluto, las magistraturas provinciales comenzaron a buscarse en la oscuridad. El viejo estigma de que los hombres y mujeres de leyes no debían unirse se disolvió ante la urgencia de la supervivencia. Como un eco de la Association des Magistrats que en París había encendido una antorcha similar, los jueces argentinos entendieron que la justicia, si está sola, es frágil; pero si se une, es inquebrantable.
El destino final de ese viaje clandestino hacia la libertad no podía ser otro: San Nicolás de los Arroyos. Allí donde en 1852 se había pactado el nacimiento de la patria federal, se congregaron durante tres días de vigilia y debate. El 15 de septiembre de 1966, mientras el país contenía el aliento, se firmó el acta que dio vida a la Federación Argentina de la Magistratura y la Función Judicial (FAM). Nació una red civil indestructible, un pacto de sangre institucional sellado en el mismo suelo que vio nacer la Constitución.
Un legado esculpido en el tiempo
La FAM no nació de la comodidad, sino del barro de la crisis. Sus banderas se izaron como un manifiesto de resistencia que hoy, a seis décadas de distancia, sigue resonando en cada tribunal del país:
La independencia como trinchera: El grito innegociable de mantener los cargos y las remuneraciones a salvo de las garras del poder de turno.
El altar del mérito: La promesa de que solo la idoneidad y el saber abren las puertas de la carrera judicial.
Una sola familia: La comunión horizontal donde el magistrado, el secretario y el funcionario sostienen, hombro con hombro, el peso de la balanza.
Recordar el origen de la FAM no es un ejercicio de nostalgia; es encender una antorcha. Nos recuerda que cuando el autoritarismo intenta apagar la luz del derecho, la unión federal de quienes custodian la ley es la última línea de defensa de la libertad humana.
Sucesos del 15 de septiembre en San Nicolás
La primera reunión estuvo cargada de simbolismo por la sede elegida: San Nicolás de los Arroyos, llamada la «Cuna del Acuerdo» porque allí se firmó, el 31 de mayo de 1852, el pacto político entre las provincias argentinas impulsado por Justo José de Urquiza, el cual sentó las bases legales e institucionales para la sanción de la Constitución Nacional de 1853. Allí mismo, en la Cuna del Acuerdo, en septiembre de 1966, magistrados representantes de las provincias se reunieron para unirse en una asociación verdaderamente federal. El Dr. Jorge Eduardo Castelli, por entonces titular del Colegio de la Provincia de Buenos Aires y a la vez presidente del Colegio Departamental de San Nicolás, expresaba en el discurso inaugural de la Convención Constituyente:
«Cuando hace poco más de un año tuvimos el honor de suscribir, en nombre del Colegio de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, el Acta conforme a la cual se instituía el Comité Organizador de la Federación Argentina de la Magistratura (FAM), tuvimos plena y cabal conciencia de la responsabilidad que implicaba la tarea que nos era encomendada».
El Dr. Castelli, junto a un numeroso grupo de colegas —como Fernando A. Giuliani y Leonardo L. Migliano del Comité Organizador, entre otros colaboradores—, no escatimó esfuerzos para concretar una institución que estrechara los lazos de los magistrados y funcionarios judiciales de todo el país.
Las deliberaciones de este primer encuentro contaron con delegados de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Chaco, Formosa, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Misiones, Salta, Santa Cruz, Santa Fe, San Juan, San Luis y Santiago del Estero. Además, Capital Federal envió a sus representantes en calidad de observadores, con derecho a voz pero sin voto.
La posibilidad de dialogar a lo largo de tres días permitió, más allá de la elaboración del Estatuto Institucional, contrastar las distintas realidades que vivían los magistrados en las diferentes zonas de la Argentina. Tras las deliberaciones y el enriquecedor intercambio de experiencias, los presentes esbozaron los fundamentos de la FAM:
- Mejorar la administración de justicia.
- Dignificar el concepto público de la magistratura.
- Instar legislaciones progresistas en todo el país.
- Permanecer ajenos a todo lo que no sean sus fines específicos, manteniéndose al margen de terrenos políticos, religiosos, sindicales o raciales, incompatibles con la objetividad y prescindencia inherentes al ejercicio de la judicatura.
Los participantes de aquella primera reunión entendieron que las comisiones directivas debían ser rotativas y elegidas por votación. En aquella Asamblea, tras una interesante votación, Jorge Castelli resultó electo presidente de la FAM para el primer período. Así comenzó a escribir su historia esta federación, un ente que podía hablar en pie de igualdad con los poderes de las distintas provincias, con total independencia del Poder Judicial en sí mismo. Posteriormente, la titularidad sería ocupada por otros presidentes de las entidades que conforman la FAM, favoreciendo así la representatividad federal.
De páginas amarillentas
Aquel primer encuentro causó un desacostumbrado revuelo en la rutina de la pequeña ciudad, algo que los periódicos de la época supieron reflejar con precisión. Los distinguidos visitantes se alojaron en un tradicional hotel que agregaba su cuota de esplendor a la destacada reunión. La comitiva federal fue invitada y agasajada por todas las fuerzas vivas y sectores locales. Los diarios de la época destacaron los encuentros con el Intendente Municipal, Tte. (RE) Enrique Domenech, así como las presencias del jefe del Batallón de Ingenieros de Combate 101, Tte. Jorge Muñoz; el Prefecto Mayor Osvaldo Barabino; el jefe de la Unidad IV de Policía, Inspector Mayor Francisco Uslerghi; y el Cura Párroco Néstor J. Fioroni en representación del Obispado. También participaron autoridades de Somisa y del establecimiento fabril «La Emilia», junto a camaristas, jueces, funcionarios judiciales del departamento y profesionales del foro local, en un periplo de visitas y eventos que se inició el jueves 15 de septiembre y se prolongó hasta el mediodía del domingo siguiente.
En su edición del viernes 16 de septiembre de 1966, el periódico «Será Justicia» hacía referencia a la creación de la FAM en una nota titulada «Éxito para la Federación Argentina de la Magistratura». Según el matutino, el pensamiento inicial había nacido en las «Primeras Jornadas de la Justicia» realizadas el 24 de agosto de 1965, una idea que no tardó en materializarse en la Convención Fundadora un año después.
Más allá de alterar el ritmo habitual de la ciudad, la prensa documentó el nacimiento de una institución trascendental, dejándolo plasmado entre sus páginas con cierta pompa. «Por encima de factores económicos, políticos o geográficos, los hijos de Argentina, todos, sin excepción, hemos contribuido por igual al gran hacer nacional», son las palabras del doctor Castelli que rescataba la portada del diario «El Norte» el 16 de septiembre de 1966. «La idea es magnífica y fortalecerá sin duda este tercer Poder que no dispone de bayonetas, ametralladoras ni dinero, pero tiene su sustento en algo que vale más que todo esto: la fuerza del Derecho y el anhelo de Justicia común al hombre civilizado», manifestaba Castelli ante los periodistas.
Recuerdos de San Nicolás
«A la hora de elegir quiénes serían las primeras autoridades de la Federación Argentina de la Magistratura, surgieron los dos candidatos mayoritarios de la Asamblea Constitutiva: Jorge Castelli, por la provincia de Buenos Aires, y yo, Osvaldo Tarditti, por la provincia de Córdoba. Compartimos una reñida elección», manifestó tiempo después el memorioso candidato cordobés.
El primer recuento de voluntades no favoreció de forma definitiva a ninguno de los postulados. Por el primero votaron los representantes de Corrientes, Chaco, Formosa, Jujuy, Salta, Santa Cruz y Santa Fe; por el segundo, los delegados de La Rioja, Mendoza, Misiones, San Juan, San Luis y Santiago del Estero. Mientras tanto, las delegaciones de Córdoba y Buenos Aires votaron por los presidentes de los colegios de magistrados de Santiago del Estero y de Santa Fe, respectivamente.
«Dado que ninguno de los candidatos logró los nueve sufragios requeridos para obtener la mayoría absoluta, se efectuó una segunda votación entre los dos más apoyados. Cuando faltaban sólo dos representantes por expresar su voto, ya se anticipaba que la paridad continuaría, llevando la elección a un callejón sin salida. Fue entonces cuando el Dr. Manuel De Palacios, en un gesto de grandeza respaldado por toda la delegación de cordobeses, dio su voto al representante de la provincia de Buenos Aires. Esto elevó a diez los votos a favor del doctor Castelli, quien quedó finalmente ungido en el cargo», recordó Tarditti.
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Lamentablemente no tenemos en los archivos de la FAM fotos del Dr. Carlos Espejo.
CARLOS J. ESPEJO, San Luis, 1972-1974























